Algunos santos se turban cuando ocurren disturbios. Ellos sienten que, si las iglesias locales son parte del mover de Dios hoy y están bajo Su bendición, tales cosas no deberían ocurrir. Este punto de vista, sin embargo, no concuerda con la Biblia, la cual registra disturbio tras disturbio entre el pueblo de Dios. El libro de Números está lleno de registros de disturbios entre el pueblo de Dios mientras viajaban con Él (caps. 11-14; caps. 16-17; 20:1-13, 23-29; 21:4-9; 25:1-18). Entre los que regresaron de Babilonia surgieron más problemas en Esdras 9 y 10 y en Nehemías 5 y 13. Las iglesias en el Nuevo Testamento pasaron por muchas pruebas de este tipo, cincuenta y una de las cuales se analizan en el capítulo 5 del Entrenamiento para ancianos, libro 10: El ancianato y la manera ordenada por Dios (2). Como pueblo de Dios debemos esperar encontrarnos con disturbios mientras buscamos seguir al Señor y debemos saber qué condiciones fomentan los disturbios, por qué Dios los permite y cómo podemos pasar por ellos y ser preservados en nuestra vida cristiana y en la vida de iglesia.
Condiciones que fomentan los disturbios
Los disturbios entre el pueblo de Dios son instigados por el enemigo de Dios, Satanás, para dañar la obra de Dios, que en última instancia es edificar el Cuerpo de Cristo. El ministerio del hermano Lee está lleno de percepciones sobre cómo ocurre esto. Su comunión sobre estos puntos merece nuestro estudio y puede encontrarse en las siguientes porciones, entre muchas otras:
- Capítulos 1 y 2 de Entrenamiento para ancianos, libro 1: El ministerio neotestamentario;
- Capítulo 1 de Entrenamiento para ancianos: libro 10: El ancianato y la manera ordenada por Dios (2); y
- The Problems Causing the Turmoils in the Church Life (solo ingles).
(Para una lista más completa, vea http://www.afaithfulword.org/statements/excerpts intro/).
Hay tres factores que fomentan el desarrollo de disturbios, los cuales son particularmente pertinentes hoy:
- La falta de una visión adecuada de la economía de Dios, especialmente en relación con el Cuerpo de Cristo;
- Preocuparse por el bien y el mal según el árbol del conocimiento del bien y del mal, en lugar de preocuparse por la vida y la unidad según el árbol de la vida; y
- No reconocer el hablar de Dios y el liderazgo del hablar de Dios a través de aquellos que toman la delantera en el ministerio que lleva la palabra de Dios a Su pueblo.
El recobro del Señor no es simplemente el recobro de ciertas doctrinas o prácticas; es el recobro de la práctica de la unidad genuina del Cuerpo de Cristo (Ro. 12:5; 1 Co. 12:12-13; Ef. 4:4). Esta unidad está arraigada en el mismo ser del Dios Triuno. Tal como el Padre y el Hijo moran mutuamente el uno en el otro (Jn. 14:10), nosotros moramos en el Dios Triuno y Él mora en nosotros (v. 20; 17:21; 1 Jn. 4:15). Esta mutua morada es la unidad del Cuerpo. El objetivo de Satanás al fomentar disturbios es dañar esta unidad, causando así división en el Cuerpo. Si nuestra visión del Cuerpo de Cristo es deficiente, correremos el riesgo de ser desviados por la sutileza de Satanás.
Dios mismo es vida (Jn. 5:26; 14:6; Ro. 8:2). Esta vida está corporificada en Cristo (Jn. 1:4; 1 Jn. 5:11-12) y es impartida en los creyentes por Cristo como el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45; 2 Co. 3:6). Esta vida, la cual es la vida eterna, es el factor crítico de nuestra unidad con el Dios Triuno y unos con otros como miembros del Cuerpo de Cristo. Por esta razón, Satanás busca introducir a la iglesia en una condición de muerte (Mt. 16:18b) al corromper los pensamientos de los creyentes de la simpleza y pureza para con Cristo (2 Co. 11:3), tornándolos, como hizo con Eva, del árbol de la vida al árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn. 3:1-6). Aquellos que son llevados a la esfera del bien y el mal se convierten en la presa de Satanás.
En especial, Satanás intenta dañar la relación entre las iglesias y aquellos que toman la delantera en el ministerio. A medida que la iglesia se mueve por este mundo, necesita el liderazgo. Por un lado, Cristo es la Cabeza de cada miembro del Cuerpo individualmente (1 Co. 11:3a), pero por otro lado, el registro bíblico es claro en cuanto a que el liderazgo en la iglesia se ejerce mediante la enseñanza de los apóstoles, llevada al pueblo de Dios por ministros fieles (Hch. 2:42; Tit. 1:9; 1 Ti. 4:6). Es a través de los miembros dotados que los santos son perfeccionados y el Cuerpo recibe el rico suministro para su edificación (Ef. 4:11-12, 16). Por lo tanto, Satanás busca socavar e incluso separar a los santos de aquellos que llevan a cabo el ministerio del Nuevo Testamento de acuerdo con las enseñanzas de los apóstoles (2 Ti. 1:15), dando como resultado la decadencia de la iglesia y su posible ruina (Ap. 2:4-5). Una vez que los creyentes se apartan de la vida y del suministro de vida a través de los miembros del Señor, la degradación y la división siguen inevitablemente.
¿Por qué Dios permite disturbios?
Hay al menos dos razones por las que Dios permite los disturbios entre Su pueblo. Primero, los disturbios manifiestan la aprobación de aquellos que no son sectarios o divisivos. En 1 Corintios, un libro que trata con el desorden y la división en la iglesia, Pablo escribió: “Porque tiene que haber entre vosotros partidos, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados” (11:19). Segundo, Dios usa los disturbios para purificar a Su pueblo. Como el hermano Lee señaló, Dios purificó a los hijos de Israel por medio de todas las rebeliones registradas en Números:
Una rebelión también tiene como resultado que el pueblo de Dios sea zarandeado como trigo que es pasado por la criba. Esto puede ser considerado como una especie de depuración que el Señor, en ejercicio de Su soberanía, realiza a fin de purificar a Su pueblo colectivamente. Más aún, al suscitarse una rebelión, ello también produce cierta depuración entre quienes permanecen fieles al hacer que ellos sean purificados en sus intenciones, motivos, propósitos, objetivos y otros aspectos. (Entrenamiento para ancianos, libro 10: El Ancianato y la Manera Ordenada por Dios (2), pág. 16)
¿Cómo ser preservados?
Para ser preservados en medio de un disturbio, debemos intensificar nuestro ejercicio en tres áreas que el enemigo ataca: guardar la unidad, preocuparnos por la vida y mantener una relación apropiada con el ministerio del Señor. Lo más importante para guardar la unidad es ver el Cuerpo:
Si vemos el Cuerpo, no seremos capaces de causar problemas en el recobro. No nos preocuparemos por quien tiene la razón o no. De hecho, si causamos problemas, automáticamente estamos equivocados… Ha ocurrido disturbio tras disturbio porque no conocemos el Cuerpo. El único remedio que nos puede curar de este tipo de enfermedad es que veamos el Cuerpo. (The Problems Causing the Turmoils in the Church Life [Los problemas que causan los disturbios en la vida de iglesia], pág.28)
Si vemos el Cuerpo, nos daremos cuenta que el Cuerpo es absolutamente un asunto de vida, así que nos preocupamos solo por la vida, no por el bien y el mal, al venir al Señor una y otra vez en oración. En 1978, el hermano Lee comentó: “La vida crece por sí sola; el crecimiento de vida no es nuestra obra. Creo que el Señor en Su soberanía permitió el reciente disturbio que hubo en las iglesias, para proveernos un trasfondo negro y negativo que nos ayude a ver lo que es la vida” (Principios básicos en cuanto al ancianato, pág. 102). Preocuparnos por la vida nos preservará durante los tiempos de disturbios. Así, en 1993 nos dijo: “Siempre que ha habido disturbios, hemos aprendido a ser simples al permanecer junto al árbol de la vida y al alejarnos de todo lo relacionado con el árbol del conocimiento del bien y del mal” (The Problems Causing the Turmoils in the Church Life [Los problemas que causan los disturbios en la vida de iglesia], pág. 8). En un tiempo de disturbios entre las iglesias del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo exhortó a su joven colaborador Timoteo a, “echar mano de la vida eterna” (1 Ti. 6:12). Preocuparse por la vida es preocuparse por el sentir de vida (Ro. 8:6), el cual en realidad es el sentir de Dios mismo, quien en Cristo como el Espíritu mora en nuestro espíritu regenerado (vs. 9-11).
Por último, en tiempos de disturbios es vital que mantengamos una relación apropiada con aquellos ministros fieles que traen al pueblo de Dios la plenitud de lo que es revelado en la enseñanza de los apóstoles y quienes ministran el rico suministro de vida para su crecimiento. La enseñanza de los apóstoles nos mantiene en la línea central de la economía de Dios, la cual es edificar el Cuerpo de Cristo (Ef. 4:12). El rico suministro, así como la función de cada miembro en su medida, es lo que lleva a cabo la edificación por medio del crecimiento en vida (v. 16). A medida que se intensificaba la degradación de la iglesia primitiva, Pablo animó a Timoteo a “no avergonzarse del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso Suyo” (2 Ti. 1:7-8), e instó a Timoteo a “persistir en lo que has aprendido y de lo que estás convencido, sabiendo de quiénes has aprendido” (3:14). Los que abandonaron a Pablo sufrieron gran pérdida y a la postre, corrieron el riesgo de perder por completo el testimonio del Señor (1:15; Ap. 2:5). Conociendo el Cuerpo, preocupándonos por la vida y manteniendo una relación apropiada con el ministerio del Señor, podemos ser preservados por el Señor en medio de los disturbios.