Por qué leemos y promovemos el ministerio de Watchman Nee y Witness Lee

A veces, a quienes nos reunimos en las iglesias locales nos preguntan por qué leemos y promovemos el ministerio de Watchman Nee y Witness Lee. El que pregunta podría dar a entender que hacer eso está mal. Cuando nos hacen una pregunta así, no deberíamos ponernos a la defensiva, sino explicar por qué apreciamos tanto el ministerio de estos dos siervos del Señor.

Casi todos los ministerios cristianos se enfocan en las necesidades del hombre. El hombre ha caído y necesita misericordia y perdón. La misericordia y el perdón llegan a nosotros mediante la muerte redentora de Cristo. Todo esto es verdad, pero sólo es el comienzo del evangelio (1 Co. 15:3). El ministerio de Watchman Nee y Witness Lee es único en el sentido de que se centra en el deseo eterno del corazón de Dios, el cual Pablo en Efesios llama el beneplácito de Su voluntad (Ef. 1:5, 11). Este ministerio nos ha mostrado el propósito eterno de Dios, la manera en que Dios lleva a cabo Su propósito y cómo podemos participar en dicho propósito (3:11, 9; 1:9-11; 4:12, 15-16); nos ha revelado la línea central de la Biblia, mostrándonos que para llevar a cabo Su plan —el cual la Biblia llama la economía de Dios—, el Dios Triuno creó los cielos y la tierra (Gn. 1:1) y luego entró en esa creación encarnándose en Cristo (Jn. 1:14; 1 Ti. 3:16), quien —por medio de la muerte y resurrección— llegó a ser el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45) para poder regenerar a los hombres (Jn. 3:6) a fin de que lleguen a ser miembros del Cuerpo de Cristo (1 Co. 12:27), todo lo cual tendrá su consumación en la Nueva Jerusalén como morada mutua de Dios y el hombre por toda la eternidad (Ap. 21:2-3, 22). No conocemos ningún otro ministerio que abra la Biblia de principio a fin de una manera tan maravillosa.

Este ministerio nos ha hecho comprender que Dios está llevando a cabo Su plan de edificar el Cuerpo de Cristo por medio de la salvación completa que Él efectúa. El entendimiento de la salvación por parte de muchos maestros cristianos se detiene en la redención, de modo que presentan el cielo como esperanza del hombre. El resultado es que pasan por alto la salvación presente y continua que Dios realiza en los creyentes en la vida de Su Hijo. El ministerio de Watchman Nee y Witness Lee muestra claramente, a partir de Romanos 5:10, que la salvación completa que Dios efectúa consta de dos partes. La primera parte se lleva a cabo jurídicamente mediante la muerte de Cristo (5:10a) e incluye el perdón y la purificación de nuestros pecados (Lc. 24:47; He. 1:3), la justificación (Ro. 3:24-25), la reconciliación con Dios (2 Co. 5:19) y la santificación posicional (1 Co. 1:2; He. 13:12). La segunda parte, a la cual el apóstol Pablo se refiere como ser salvos “mucho más”, se lleva a cabo en la vida del Hijo de Dios, que es la vida eterna recibida cuando creímos en el Señor (Ro. 5:10b; Ef. 4:18; 1 Jn. 5:12), la vida indestructible por la cual Él es capaz de salvar por completo a los que por Él se acercan a Dios (He. 7:16, 25). Dios nos regeneró con Su vida divina mediante el Espíritu vivificante (Jn. 3:3, 5; 1:12-13) con la meta de santificarnos progresivamente con Su naturaleza divina (Ro. 15:16; 2 Ts. 2:13; 2 P. 1:4), renovándonos interiormente (Tit. 3:5; Ro. 12:2) y transformándonos con Su propio elemento (2 Co. 3:18), para finalmente conformarnos a la imagen de Cristo e introducirnos plenamente en Su gloriosa expresión (Ro. 8:29; He. 2:10).

Estas verdades bíblicas apuntan a la necesidad de conocer a Cristo de manera experiencial y, más que cualquier otro ministerio que conozcamos, el ministerio de Watchman Nee y Witness Lee busca llevar a los creyentes a un conocimiento subjetivo de Cristo como su vida (Col. 3:4). Este ministerio nos ha presentado —como ningún otro ministerio lo ha hecho— al Cristo inescrutablemente rico como evangelio (Ef. 3:8), la porción que Dios nos ha asignado (Col. 1:12; Jn. 3:16). Nos ha mostrado que este Cristo ahora vive en nosotros (2 Co. 13:5), mora en nuestro espíritu (2 Ti. 4:22) e incluso llega a ser un solo espíritu con nosotros (1 Co. 6:17). Nos ha mostrado nuestra necesidad de crecer en Cristo, no meramente en el conocimiento objetivo de la Biblia, sino en Su vida (Ef. 4:15; 1 P. 2:2; cfr. 1 Co. 8:1). Nos ha inspirado a ir en pos de conocer a Cristo y ser hallados en Él, ganar Su persona misma (Fil. 3:9-14), ser llenos del Espíritu (Ef. 5:18) y vivir y magnificar a Cristo por la abundante suministración del Espíritu (Fil. 1:19-21). Este ministerio nos ha mostrado que son estas verdades subjetivas, y no las normas de comportamiento externo, las que redundarán en la edificación del Cuerpo de Cristo para realizar el propósito eterno de Dios según el deseo de Su corazón (Ef. 3:16-21). Si bien las verdades objetivas son necesarias, la iglesia como Cuerpo de Cristo es edificada en realidad al nosotros experimentar subjetivamente a Cristo y crecer en Él, juntamente con el suministro mutuo brindado entre todos los miembros (Col. 2:19; Ef. 4:15-16).

Esta visión de la intención de Dios y Su economía para llevar a cabo tal intención es un principio rector general en la aplicación de las verdades bíblicas por parte de este ministerio. Por ejemplo, para muchos el Dios Triuno es una doctrina arcana. Para otros es sólo una prueba de fuego para evaluar la ortodoxia de los demás. Sin embargo, al intentar construir un modelo mental o adherirse a una fórmula que contiene credos respecto a la Trinidad Divina, muchos maestros cristianos —ya sea de manera abierta o inconsciente— se desvían hacia una visión errónea que convierte a la Trinidad en tres Dioses separados (es decir, triteísmo). Enseñan que el Padre, el Hijo y el Espíritu no sólo son distintos en la Deidad, sino que también están separados, con lo cual niegan el significado claro y la importancia de pasajes cruciales de las Escrituras. La Biblia afirma claramente que el Padre y el Hijo moran el uno en el otro (Jn. 14:9-10; 17:21, 23). Además, la Biblia también nos dice que en resurrección el Señor (Jesucristo, cfr. 2 Co. 3:14, 16; 4:5) es el Espíritu (3:17) y, por tanto, el Espíritu tiene nuevas designaciones, entre ellas el Espíritu de Jesús (Hch. 16:7), el Espíritu de Cristo (Ro. 8:9) y el Espíritu de Jesucristo (Fil. 1:19). Por tanto, la venida del Espíritu para morar en los creyentes es la entrada de Cristo en ellos (Jn. 14:17-18). Por esta razón, la Biblia a veces utiliza de manera intercambiable los términos Cristo y Espíritu (Ro. 8:9-11). Ciertamente, el hecho de que los tres de la Deidad sean coinherentes (moran mutuamente el uno en el otro) es un misterio insondable. Sin embargo, ésta es la revelación de la Biblia, y para ser fieles a nuestro Dios debemos creerla y enseñarla (Gá. 1:10; 1 Ts. 2:4; 1 Co. 4:1-2; Hch. 20:20).

Sin embargo, desde el principio, Watchman Nee y Witness Lee no estaban interesados meramente en estar correctos doctrinalmente, aunque eran muy cuidadosos en enseñar sólo lo revelado en la Biblia. Con ese fin, ellos buscaban entender las implicaciones de las profundidades de la verdad en la Palabra para nuestra vida y servicio cristianos, tanto individual como corporativamente en el Cuerpo de Cristo, y encontrar maneras de fomentar que los creyentes recibieran tal ministerio para crecer en Cristo y para desarrollar su capacidad en cuanto a servir al Señor. Utilizando el ejemplo citado anteriormente, este ministerio nos ha mostrado que la develación bíblica de la Trinidad Divina no es para nuestro conocimiento doctrinal, sino que tiene una importancia vital para nuestra vida cristiana. Muchos cristianos tienen el concepto que el Espíritu es dado simplemente para influir en los creyentes a fin de que se alejen del pecado y hagan el bien. De hecho, la función del Espíritu es impartir la vida divina con todos sus atributos en los creyentes (2 Co. 3:6; Jn. 6:63) y hacer real de manera subjetiva todo lo que el Padre y el Hijo son y han logrado (Jn. 14:6, 17; 15:26; 16:13-15). Además, mediante Su muerte y resurrección, Cristo ha introducido a los creyentes en Sí mismo, de modo que ahora ellos son coinherentes con Él en la misma unidad que Él tiene con el Padre (Jn. 14:20; 17:21, 23). Así pues, podemos permanecer en Dios y Él en nosotros (1 Jn. 4:13, 15-16). Esto no es un mero hecho objetivo; más bien, es el vivir mismo que Dios desea que tengan todos los cristianos.

Además, este ministerio nos ha animado a que cada creyente —por la gracia de Cristo— alcance a los incrédulos con el evangelio (Hch. 8:4) y edifique la iglesia hablando los unos a los otros en mutualidad (1 Co. 14:26), y además, se ha esmerado por perfeccionar a los creyentes en tal servicio al Señor (Ef. 4:11-12). Nos ha llevado a abandonar los sistemas no bíblicos del clero-laicado y las denominaciones (Versión Recobro, Ap. 2:6 y nota 1; 1 Corintios 1:10-13), los cuales frustran el crecimiento en vida y el desarrollo de la función de los miembros del Cuerpo de Cristo. El ministerio de nuestros hermanos nos ha llevado a buscar mantener un testimonio de unidad práctica al reunirnos según el modelo del Nuevo Testamento, en el cual el lindero de una iglesia local es la ciudad en la que se encuentra (Hch. 8:1; 13:1; 1 Co. 1:2; Ap. 1:11), al mismo tiempo que buscamos mantener la unidad con nuestros hermanos en la fe que deciden no reunirse sobre esa base (Ef. 4:3; 1 Co. 1:9; 1 Jn. 1:3).

Simplemente porque Watchman Nee y Witness Lee nacieron en China, nuestros críticos a veces tergiversan el ministerio de ellos como si estuviera fuera de la corriente principal de la enseñanza cristiana y estuviera influenciado por el misticismo oriental. Esto no es cierto en absoluto. Lamentablemente, esto alimenta los estereotipos raciales y culturales prejuiciosos. El hecho es que ambos hombres provenían de familias cristianas y eran estudiantes no sólo de la Biblia, sino también de la historia cristiana y del pensamiento cristiano occidental histórico. De sus estudios ellos extrajeron lo mejor de las enseñanzas cristianas en los últimos dos milenios, que incluyen muchas enseñanzas que han sido abandonadas o descuidadas por los maestros cristianos contemporáneos, muchos de los cuales entran en la categoría de aquellos que fomentan la comezón de oír de su audiencia (2 Ti. 4:3). Por un lado, valoramos el recobro de la justificación por la fe mediante Martín Lutero y los reformadores, el recobro de la predicación del evangelio mediante hombres como John Wesley y George Whitfield, la revelación de muchas verdades bíblicas mediante John Nelson Darby y los Hermanos británicos, el recobro de la experiencia subjetiva del Cristo que mora en los creyentes mediante santos tales como William Law y Andrew Murray, entre muchos otros. Por otro lado, nos damos cuenta de que todos estos recobros están carentes, pues no alcanzan plenamente lo que Dios desea hacer hoy, que es llevar a cabo la edificación del Cuerpo de Cristo mediante el conocimiento experiencial de Cristo como nuestra vida y nuestro todo, el desarrollo de la función de cada miembro del Cuerpo de Cristo y la práctica de la unidad del Cuerpo en las iglesias locales según el modelo del Nuevo Testamento.

Hemos observado que los ministerios que enfatizan otros asuntos —incluso verdades bíblicas objetivas o principios rectores espirituales apropiados— pueden distraernos de la meta de Dios referente a edificar el Cuerpo de Cristo como Su plenitud y de la línea central de la economía de Dios para lograr ese propósito (Ef. 4:14; 1 Ti. 1:3-4). En resumen, encontramos que el ministerio de Watchman Nee y Witness Lee es el ministerio que más corresponde al enfoque central y a la amplitud de la enseñanza de los apóstoles en el Nuevo Testamento, y no estamos dispuestos a conformarnos con nada menos (Hch. 2:42; Tito 1:9).

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